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Por falta de tiempo y por razones personales seguiré escribiendo en el blog de manera esporádica.

miércoles, 22 de enero de 2014

Conquista de Tlatlauquitepec y los hechos próximos a esta

La conquista de Tlatlauquitepec se le atribuye a sus posteriores encomenderos Pedro Cindos de Portillo y a Hernando de Salazar (entre 1520 hasta 1524); la primera acción bélica contra Tlatlauquitepec fue dirigida por Hernán Cortes desde Tepeaca bajo el mando de Juan Rodríguez de Villafuerte y Cristóbal de Olid después de la noche triste, en diciembre de 1520, a tomar Ixtacamaxtitlán, Zautla, Xalacingo y Tlatlauquitepec para asegurar el camino a Veracruz, Francisco Cervantes de Salazar nos lo cuenta así:

Hernán Cortes Monroy Pizarro Altamirano.

[…] marcharon hacia una provincia que se dice Tlatlacotepeque, la cual estaba alzada, retirada toda la gente en escuadrones en la sierra, los cuales, como muchos y bien armados salían a matar y prender los españoles que en busca del General venían del puerto; tomábanlos tres a tres y cuatro a cuatro, y el modo que tenían era que una guarnición dellos de dos o tres mill hombres se salía a un despoblado que se dice de las Lagunas, baxo del pueblo de Teguacán, y allí prendieron a los que no se dexaban primero matar, los llevaban a este pueblo, cabeza de toda la provincia de su nombre, y metíanlos en una cocina, según dice Mata en su Relación, donde tenían buen fuego; dábanles a comer, aunque no muy bien; mostrábanlas amor, para que se descuidasen y engordasen, y cuando al parescer dellos estaban más contentos, daban de sobresalto con mucha grita sobre ellos. Hacíanlos salir de la cocina, y como a toros o otras fieras los esperaban que saliesen al primer patio, donde con muchas varas tostadas los agarrocheaban, y si allí no caían, los esperaban otros nuevos agarrocheadores al segundo patio, donde el que se libraba del segundo, aunque se tornase pájaro, no podía escapar de ser miserablemente muerto. Cierto, este era nuevo y nunca visto género de crueldad, como inventado por el demonio, a quien tenían por maestro. Era lástima ver las señales de las manos ensangrentadas por las paredes, los gritos y voces que daban, padesciendo tan cruel muerte. Los unos, como canes rabiosos, abalanzándose al que primero topaban, le ahogaban con los dientes y las manos; otros, que más paciencia y sufrimiento tenían, conosciendo lo que por sus pecados merescían y que no podían escapar de morir, hincados de rodillas, las manos levantadas al cielo, esperaban la muerte, en muchos, a lo que se puede creer, principio de vida eterna. Después, hechos pedazos, los inviaban, como cuartos de venados, en presente, a sus amigos, y, lo que era mayor crueldad, vivos inviaban algunos españoles, para que con aquel género de muerte o con otros más cruel los sacrificasen, haciéndoles saber que cuanto más corridos y fatigados fuesen aquellos hombres, tanto más, después de muertos, serían sabrosos de comer, de los que esta crueldad usaban.

Manuscrito del Aperramiento, castigo a Caciques.


La época Colonial:



Tres años después de la caída del Imperio mexica, hacia 1524, se sometió el señorío de Tlatlauquitepec al régimen de encomiendas, otorgándoselas a Pedro Cindos de Portillo (o Jacinto de la Portilla, natural de Portillo, hijo de San Román de Portillo y de Catalina Gómez) y a Hernando de Salazar (hijo de Gonzalo de Salazar, regidor de la ciudad de México y el mismo lo fue).

El más célebre de estos encomenderos “Pedro Cindos de Portillo", dejo la encomienda en 1528 después del percance que casi le cuesta la vida cerca de Hueytlalpan, para después convertirse a la orden franciscana, llamándose Fray Jacinto de San Francisco o popularmente Fray Cintos, esto se narra a continuación del libro Historia Eclesiástica Indiana de Fray Jerónimo de Mendieta:

“DIOS LE ENSEÑÓ POR CIERTA VIA, QUE ESTABAEN CAMINO DE LA CONDENACIÓN ETERNA”
“enviando una vez de Hueytlalpan unos indios criados suyos a otro pueblo dos leguas de allí, supo cómo otros indios infieles los habían capturado, y los querían sacrificar a sus dioses”
“tomó luego el camino para allá, con la gente que pudo, de sus tributarios, y procuró librar a los que estaban en tanto riesgo y peligro de sus vidas”
“más por permisión divina sucedió muy al revés de lo que pensaba, porque los indios infieles prevalecieron contra él en tanta manera que haciéndoles volver las espaldas, lo siguieron muy gran trecho con deseo de matarlo, y bajando por cuesta abajo, le dieron tantas pedradas y golpes, que tuvo por milagro haber entonces escapado con la vida”
“aunque de otros peligros semejantes contaba él haberle librado dios por su infinita misericordia, como a quien tenía escogido para servirse de él en la religión. Y así en aquella presura, con ir turbado y medio muerto, le dio ventura para evadirse de sus enemigos, caminando por un arroyo arriba fuera de camino”
“cuando se vio solo y que ninguno le seguía, apeóse del caballo, y echóse a descansar en el camino sobre la tierra, donde fue arrebatado en espíritu ante el tribunal de dios, y duramente reprendido, por la vida que se daba y por haberse olvidado de los sabios consejos con que Hernán cortés diariamente aleccionaba a los españoles que le acompañaron en la conquista y poblamiento de la nueva España
“poner amor en la obra que están haciendo, interés por los naturales, y por la elevación de su nivel de vida y el deseó de incorporarlos a su empresa, respeto por sus instituciones, que solamente podrán ser sustituidas para ser mejoradas. 

Entre las amonestaciones: por el mal trato que daba a sus esclavos, que pasaban de quinientos. Y fuele dicho, que si quería salvar su alma, dejase los pueblos que tenía en encomienda, liberase a los esclavos, con todo lo de más que traía su corazón cautivo” 

“y en volviendo es si y despertando, puso por obra, sin detenimiento alguno lo que le fue mandado y así fue derecho a su casa, y dio luego su libertad a todos sus esclavos; también renuncio a sus encomiendas y entró como lego y no para el coro (aunque sabía bien leer y escribir) en el hábito de san francisco, en 1535, durante mucho tiempo sirvió como portero en el convento de su orden en la ciudad de México, con grandísimo ejemplo y edificación de toda aquella ciudad, que lo tenía en estima y veneración. Desde el principio de su conversión hasta lo último de su vida, resplandeció en él todo género de virtud y santidad. 

En 1576, a la edad de noventa y tres años, de los cuales dedicó a salvar almas cuarenta y uno, fue enterrado en el suelo de la primitiva iglesia de la villa “nombre de dios (Durango)” y posteriormente a los dos años fue trasladado al nuevo templo, al exhumarlo notaron con estupor que su cuerpo estaba incorrupto.

Fray Jacinto en busca de una reparación de los males que había causado, por el año de 1531, trato de lograr que el rey exentara a los indígenas que había tenido en encomienda y parece que lo logró, ese mismo año Hernando de Salazar renuncia también a su parte de la encomienda quedando vacante en marzo, la carta dirigida al rey está en parte reescrita abajo:

[…] me fueron encomendados, en compañía de otro compañero mío, ciertos pueblos en nombre de V.M., que se llaman Tlatlacutepeque y Hueytlalpa y Xonutla y Istepeque con sus sujetos y naturales, con los cuales y con cantidad de esclavos traía sacando oro [….]. He deseado y deseo, cristianísimo rey y señor nuestro, que nuestra santa fe se plante y permanezca en aquellos pueblos que en su real nombre tuve encomendados, porque es una serranía de buena gente y buena voluntad para servir a nuestro señor, y entre ellos hay dos monasterios de nuestro glorioso padre San Francisco (Santa María Tlatlauquitepec y San Andrés Hueytlalpan)[…] suplico a V.M. se le haga merced, cuando tornaren a tributar, no se les pida ni acrecenté el tributo más de lo que agora dan, para que cada día vayan abmento y nos e acaben de consumir o se vuelvan a hacerse salvajes por los montes […].

Carta escrita por Pedro Cindos de Portillo.

Fuentes:

  • Códice franciscano : informe de la Provincia del Santo Evangelio al visitador Lic. Juan de Ovando. -1889.
  • Crónica de la Nueva España, de Francisco Cervantes de Salazar.
  • Historia Eclesiástica Indiana de Fray Jerónimo de Mendieta.


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